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Autor Tema: Como ir con tu coche a África Negra y no morir en el intento.  (Leído 6100 veces)
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okakene
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« Respuesta #10 en: 05 Feb 2014, 14:05 »

“Como ir con tu coche a África y no morir en el intento VII” (2-3 ENE)

Salimos de la “Maison de Jeunes” con  el espíritu renovado. Teníamos ganas de recorrer kilómetros, volver a la carretera libres otra vez.
Fuimos a cambiar algo de dinero, desayunamos y tiramos para el siguiente control de paso en Segou. La verdad es que íbamos ya totalmente desfasados con respecto a la programación inicial del Raid, pero oye, qué le vamos a hacer, nosotros seguimos.
La carretera estaba en un estado “pasable” y llegamos a Ségou a la hora de comer. La entrada es preciosa, grandes árboles a ambos lados de la avenida y majestuosos edificios coloniales. Nos acercamos hasta el puerto donde observamos el trabajo y la vida tranquila en Malí. Habíamos recorrido ya muchos km por el país y por el momento solo habíamos encontrado la vida cotidiana y tranquila. Sin peligros ni cosas raras, solo la vida normal. Eso si, ni un solo turista. Los medios siguen empeñados en meternos el miedo en el cuerpo y que nos estemos quietecitos. Pero hay cosas que hay que ir, verlas y contarlas. Malí es muy grande, y el conflicto que permanece latente en el gran Norte, queda muy lejos de aquí.
Comimos Ragout de Gname  en un pequeño restaurante y continuamos nuestro camino. Al anochecer, a unos 100 km de San, salimos de la carretera por una pequeña pista y buscamos un lugar para acampar en la brousse. Esa noche me despertó el eco de unos tambores a lo lejos. Qué sensación, ahora si, ya estamos en ÁFRICA.

Al día siguiente nos tocó un cacho de carretera malo, malo, lleno de agujeros. Y en un despiste ¡zas! Rueda derecha de golpe en un boquete y todo el aceite del amortiguador fuera. ¡Cachissss! Fuimos con mucho cuidadito avanzando, intentando no estropearlo más. Y de repente Nines dice “Pues a mi me huele a gasolina ¿a vosotros no? A ver si se ha roto algo más que el amortiguador…” Nos bajamos, lo revisamos todo, ni goteos, ni rastros ni nada…qué raro. Continuamos. Pues a mi me sigue oliendo a gasolina…. Otra vez a revisar todo, la tapa del depósito, abrimos el capó, manguitos, todo… Y nada, no encontrábamos el escape. Normal, porque no era gasolina, era la bombona del camping-gas que en un bache se había aflojado y se estaba escapando todo el gas. Pahabernosmatao.
Bien pasado el mediodía llegamos a Mopti, donde nos recibió con alegría el entrañable Babilón. Un guía ya retirado que es amigo de Nines desde hace más de 20 años. Domina muchísimos idiomas y ahora trabaja como traductor para la ONU al norte en Tombouctou.
Después de comer algo fuimos al mecánico para solucionar lo del amortiguador y mientras esperábamos allí fueron llegando los artesanos con sus mercancías. Nines aprovechó para hacer algunas compras para la tienda y César y yo disfrutamos del espectáculo. Después fuimos a tomar una cervecita con los amigos, nos lo merecíamos. Y después Babilón nos invitó a cenar pescado con aloko (plátano frito).
Esa noche nos instalamos en la azotea de la su casa desde donde divisábamos los tejados de Mopti y corría el aire fresco por la noche. Aunque también llegaba la música estridente de una discoteca cercana y más tarde los rezos amplificados de la mezquita. En fin, la vida en Mopti c´est comme ça…



















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okakene
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« Respuesta #11 en: 06 Feb 2014, 13:26 »

“Cómo ir con tu coche a África y no morir en el intento VIII” (5 ENE - …)

Y ya estamos a 5 de enero, el día que salimos de Madrid queda tan lejos ya...
Ese día desayunamos rodeados por un montón de niños curiosos que no nos quitaban los ojos de encima. Y salimos hacia lo que era nuestra meta en este viaje.  Atravesando la ciudad de Bandiagara, enfilamos hacia el País Dogón. El corazón del África Negra, profunda y ancestral, llena de historias, magia y misterio.
Nuestra primera parada fue en Kani Kombolé donde nos recibió con efusivas muestras de alegría el jefe de la aldea, un anciano muy simpático que no paraba de hacer aspavientos y dar gracias a Dios por que habíamos llegado bien. Nos colmó de bendiciones y continuamos nuestro camino. Atravesamos Teli, preciosa con la luz de la tarde, con sus casas adosadas al acantilado, donde habitaron hace siglos los Tellem (pigmeos) y más tarde los Dogón y que allí permanecen protegidas por las grandes rocas de la falaise.
La forma de entender la vida y el mundo de este pueblo es profundamente animista. Creen que sus dioses, los Nommo, son medio anfibios que llegaron del cielo y hay constantes representaciones de estos personajes en estatuas, puertas y Togou-nás. Su cosmovisión es única en el mundo y se cree que poseían conocimientos astronómicos imposibles para una sociedad sin medios tecnológicos.
Claro, sobre todo esto hay mucha polémica, pero a mi me encanta creer.
Después de atravesar caminos llenos de bancos de arena, sin tascarnos decidimos instalarnos unos días en Ende. Allí conocimos a un jefe de aldea antipático, jóvenes vendedoras de cajas de calabaza, artesanos del índigo y de bogolán,  escultores de la madera y el bronce.
Visitamos otros pueblos como Djabatoulou, Bagourou, pero esta vez en una carreta tirada por un buey, mucho más auténtico y más divertido, dónde va a parar. En Teli  Subimos a la Falaise acompañados por el sabio Babilon, que nos explicó la forma de vida y creencias de los antiguos moradores de esas casitas diminutas.
En fin, este país es demasiado. Me dejó atónita y me siento incapaz de contar en unas líneas todo lo que allí vi y aprendí. Allí me llené de paz y de serenidad. No hace falta hacer nada, solo ir.

Así que lo contaré más despacio y con detalles, ya al margen de esta crónica que aquí termina…


















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okakene
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« Respuesta #12 en: 25 Feb 2014, 12:58 »

Como parece que ha gustado comparto con vosotros mi crónica del País Dogón. Este verano volveremos por allí....

EL PAIS DOGÓN I (5 Ene 2014)

Nos levantamos por la mañana en Mopti en casa de nuestro amigo Babylón del que ya os he hablado antes. Recogimos nuestros trastos y los cargamos en la furgoneta, desayunamos rápidamente y salimos de esta preciosa ciudad a l...a orilla del Río Níger, La Venice Malienne la llaman. Volveríamos en pocos días.
Tomamos rumbo a Bandiagara una ciudad que da nombre a la espectacular Falla del País Dogón.
No está lejos, sólo unos kilómetros así que llegamos en seguida. En una enorme rotonda se erige la estatua del cazador y su perro. Más adelante conoceríamos un cazador de carne y hueso, toda una experiencia.
Bueno allí a la izquierda se encuentra el Hotel La Falaise, con su simpático gerente Alí, que nos lo enseñó encantado. Tomamos un refresco para pasar el calor en el fresco patio, con piscina y todo!
Y continuamos nuestro camino rumbo a la Falla. El paisaje empezó a cambiar de nuevo. Atravesamos campos de cultivo y huertas donde los habitantes de Bandiagara se ocupan ahora que el turismo está de capa caída. Durante años la afluencia de turistas ha sido enorme en esta región y muchos se ganaban muy bien la vida en hoteles y restaurantes, como guías, etc... A raíz de la rebelión del Norte la cosa cayó en picado y hoy no les queda más remedio que volver a lo de antes, a cultivar el campo humildemente. Muchos han emigrado a otras zonas de Mali y a otros países como Burkina Faso. ¡Qué duro! Espero que esta situación acabe pronto porque como dice el proverbio africano "Cuando dos elefantes pelean, la que sufre es la hierba".
Los verdes campos empezaron a tornar rocosos, el paisaje un poco lunar. Y la carretera cada vez más sinuosa, hasta que llegamos a ver la falla, qué maravilla, me quedé con la boca abierta. Comenzamos a descender hasta la planicie y llegamos al pueblo de Kani Kombolé. Allí nos recibió el jefe del pueblo haciendo aspavientos, estaba contentísimo con nuestra visita y nos lo demostraba estrechándonos la mano una y otra vez y cubriéndonos de bendiciones.
Empezaron a mostrarnos artesanía Dogón, algunas piezas que llevaban allí guardadas mucho tiempo. Preciosas. Nines se quedó allí eligiendo algunas para su tienda y César y yo nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo. Así vimos la preciosa mezquita de estilo sudanés, la tuguna, las pilas de ladrillos de adobe, los graneros y la vida cotidiana del pueblo, tan remoto.
Algunos niños se acercaron cantando" Toubabou Cadeau" (pidiéndonos un regalo) una mala costumbre, secuela del turismo paleto, de los que van allí a sentirse como Papá Noel, repartiendo monedas, bolis y caramelos a los niños que se han acostumbrado a pedir y aunque algún adulto les regaña, probablemente seguirán así toda la vida. Para eso están tantas organizaciones que se limitan al puro asistencialismo y a dar eso, un regalo, que soluciona bien poco, crea dependencias y elimina la dignidad que da el trabajo. Ya se que en ocasiones hace falta y está bien que alguien lo haga pero a mi es que me repatea. Lo siento mucho.

Con la emoción del viaje nos olvidamos hasta de comer, y recorrimos la distancia hasta Ende con la luz de la tarde que le daba a la Faliase un tono anaranjado majestuoso y apreciamos a lo lejos las diminutas casitas anidadas allí en las alturas, en una pared de roca vertical. Increíble. ¿Porqué construir allí? Desde luego no por capricho, más adelante nos lo explicarían.

Y en Ende nos instalamos en la azotea de la casa del Jefe de la aldea, Ni mucho menos tan simpático como el de Kani Kombolé. Es un viejo un poco revirado, un poco chungo. Probablemente albergaba cierto rencor hacia los "Toubabous" y aunque no lo demuestra abiertamente, su mirada lo refleja...








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okakene
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« Respuesta #13 en: 27 Feb 2014, 19:51 »

PAIS DOGÓN II (6 Ene 14)
Por la mañana muy temprano nos despertó el ritmo musical de las mujeres moliendo cereal en sus grandes morteros. Lo hacen temprano para evitar el calor y al ritmo por que lo llevan en la sangre. Buena manera de comenzar el día. Después de tanto tira, tira, era el primer día que íbamos a pasar en el mismo sitio, sin movernos y tuvimos que luchar con nuestra inercia de salir corriendo noseadonde.
Nines tenía que buscar, elegir y comprar piezas de artesanía para la tienda que la Asociación Angatá  tiene en Madrid. Acompañarla en este trabajo fue un placer.
Primero vinieron las jovencísimas vendedoras de cajas de calabaza, que sus madres hacen con paciencia y exquisito gusto. Después fuimos a visitar al anticuario Amadou que ofrecía preciosas tallas en madera y esculturas de bronce representando a los personajes principales de la cosmovisión Dogón que es mágica y única en el mundo.
Visitamos también a las mujeres que tejen y tiñen con índigo los paños de algodón. Sus manos azules desplegaban preciosos tejidos con diferentes tonos y motivos.
Y a continuación a los chicos que decoran los ponchos de bogolán con una ancestral técnica de teñido con tierra, aunque los motivos se han ido modernizando y lo último es la imagen de Bob Marley  dándole a lo suyo. Son los contrastes de África. Flipante.
Más tarde sentados junto a la Tougouna o Casa de la Palabra , donde se reúnen los ancianos a discutir las cuestiones del pueblo, el sabio Babylón nos explicó un poco acerca del pueblo Dogón, su historia y su forma mágica de entender el mundo.
Por lo visto los Dogón son un pueblo de agricultores con profundas raíces animistas que llegaron a Bandiagara sobre el s.XI huyendo de los que se empeñaban en convertirlos al Islam.
Al llegar allí se encontraron con los habitantes originales de la falla, los Tellem,  cazadores pigmeos que habitaban diminutas casitas construidas en las paredes de roca algunas casi inalcanzables. Así se protegían de sus enemigos y de las fieras que entonces vivían abajo, en la planicie.
No está claro si se produjo un mestizaje entre los dos pueblos o si los invasores acabaron con los habitantes primeros. El caso es que se conservan algunos apellidos Tellem y una gran influencia en las representaciones artísticas, pero ningún vestigio biológico.
La cosmovisión Dogón se basa en un Dios creador, Amma, que hizo el universo y a los hombres que no conocían la muerte, simplemente al llegar a cierta edad se transformaban en serpientes y entraban en un mundo desconocido. Todos los Dogón provienen de cuatro parejas cuyos espíritus reciben el nombre de Nommos y representan el principio de la fuerza vital.
Y por si no había bastante misterio están los estudios de varios antropólogos, que atribuyen a los antiguos Dogón conocimientos astronómicos imposibles de obtener sin tecnología moderna. En concreto la existencia de la estrella Sirio. Y se habla también de que los Nommos eran seres anfibios que llegaron del cielo en una nave voladora. Vamos, que la única explicación lógica para todo esto, y para tantas otras cosas en la vida, es un contacto extraterrestre. Y de hecho las representaciones de los Nommos son cabezonas y con ojos enormes, alienígenas clásicos, de los de toda la vida.
Claro que existe una gran controversia con todo este tema, pero a mi me encanta creer en estas cosas, qué le voy a hacer.
Pues entre historias y arte pasamos este día al pie de la imponente pared de roca, que ahora nos imponía todavía un poco más. La vida tranquila y cotidiana del poblado de Endé continuaba rodeada de su halo de misterio. Puro realismo mágico.












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